jueves, 3 de enero de 2008

¿Qué se puede decir de Matías Catrileo?

Que no lo conocí. Que tenía un par de años más que nosotros. Que era un estudiante de la Universidad de La Frontera. Que estudiaba la ciencia aplicada de la agricultura y la ganadería. Que estuvo junto a su pueblo, la nación mapuche, ejerciendo la soberanía en los territorios de los que ancestralmente son propietarios. Que fue asesinado por eso en la alborada de este nuevo año. Que sus asesinos son chilenos, son policias militarizados, obedientes de las órdenes de sus superiores, el brazo armado del Estado de Chile: testaferro de la economía despiadada que hace poseedores de tierras araucanas a empresarios y latifundistas como Jorge Luchsinger.

Que lo más seguro es que su muerte quedará impune, como la de Alex Lemún. Que el gobierno, en su calidad de administrador del orden capitalista, xenófobo y patriarcal, silenciará esta injusticia a través del cerco de los medios burgueses. Que serán reprimidas las manifestaciones que intenten vengar su frío asesinato. Que su rostro se pintará en miles de panfletos, pancartas y murallas, que no devolverán a la vida a este compañero. Que todo Chile seguirá en la más pura normalidad.

Las fábricas no detendrán su producción ni aparecerá su nombre en nuestras pruebas de actualidad. Todo, como siempre, con interrupciones breves, con miserables cambios, con letargo, con marasmo, con ataraxia.

7 comentarios:

Camilo Espinoza dijo...

la conocida paja.

doña Vargas-Moreira dijo...

Eso es lo que quieren: un rebaño bien calladito que acepte que le suban los precios, que le den una educación de mierda que lo endeude de por vida, que permita que maten a su hermano, padre o vecino sin abrir la boca.


No tan bueno como tu texto, pero eso es una parte de lo que escribí yo en mi blog para expresar lo que me pasa con el asesinato de Matías.

Anónimo dijo...

Bien pesimista el texto po compañero...

El que esto no quede en el olvido dependerá de nosotros, y solamente de nosotros, porque no podemos esperar a que la historia oficial o los medios oficiales rindan honores a los mártires del pueblo.

Eso de "la más pura normalidad" no será así, y lo sabemos, porque todo lo que pasa en este mundo tiene alguna influencia. ¿primera influencia? renuncia de Belisario Velasco. ¿Te parece eso la más pura normalidad?

Insisto, esto sólo depende de nosotros, tendremos la oposición de todo lo que ya conocemos, pero si somos inteligentes sabremos superarla.

Camilo Espinoza dijo...

a veces, y sólo a veces, lo anterior se llama milagro.

PL dijo...

El pesimismo no es gratuito, compañero anónimo; es la reacción de todo lo que hemos vivido.

200 años de una republiqueta que no ha hecho más que consumar lo que sus conquistadores: la muerte de los oprimidos.

Anónimo dijo...

los oprimidos no están muertos compañero. Pueden matar a uno, como Matías, o 3600, como los obreros del salitre en la escuela Santa María; pero seguimos siendo millones.

Quizás es lo más fácil caer en el pesimismo y darse por vencido, o también ayudar -como lo hace su texto- a pesimizar aún más el ambiente y ayudar a aquellos que no quieren a los oprimidos optimistas y luchadores.

Le recuerdo otra vez que todo en este mundo tiene sus consecuencias. Que el asesinato quede impune no sería novedad, que las fábricas sigan funcionando tampoco, pero las consecuencias más importantes están en la conciencia de las personas.

Camilo Espinoza dijo...

Igual creo que el texto de Pablo apunta a eso. A criticar la inconsecuencia de la gente, la contradicción social y el letargo del pueblo.

Escríbanos a: cesantes2012@gmail.com